El mercado atraviesa un momento complicado por el aumento de precios, la escasez de memoria y el auge de la inteligencia artificial.
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Después de varios años marcados por la recuperación del mercado tras la pandemia, los ordenadores personales vuelven a atravesar una etapa complicada. Los últimos datos publicados por los analistas muestran una desaceleración mucho mayor de la esperada, confirmando que el sector ha perdido fuerza durante los primeros meses de 2026.
Aunque el mercado continúa moviendo millones de equipos cada trimestre, los fabricantes se enfrentan ahora a un escenario muy diferente al de hace apenas un año. El aumento de los costes de producción, la escasez de componentes y el crecimiento de la inteligencia artificial están cambiando por completo las reglas del juego.
La memoria para la IA está dejando menos recursos para los PC
Uno de los principales motivos de esta situación es la creciente demanda de memoria DRAM y NAND destinada a servidores y centros de datos especializados en inteligencia artificial. Cada vez más fabricantes priorizan este mercado, reduciendo la disponibilidad de componentes para los ordenadores tradicionales. Como consecuencia, los precios de fabricación continúan aumentando y ese incremento termina trasladándose al consumidor. Los equipos más asequibles son los que más están sufriendo esta situación, con una fuerte caída en las ventas de modelos económicos.
A este problema se suma el agotamiento del impulso que había generado la migración a Windows 11. Durante los últimos meses, muchas empresas renovaron sus equipos para adaptarse al nuevo sistema operativo, pero ese efecto comienza a desaparecer y la demanda vuelve a niveles más bajos. Las previsiones tampoco invitan al optimismo. Los analistas creen que la presión sobre los precios continuará durante los próximos meses y que el mercado podría seguir debilitándose si la producción de componentes continúa priorizando las necesidades de la inteligencia artificial frente a los equipos de consumo.
Para los jugadores de PC, esta situación también puede tener consecuencias directas. Si el coste de memorias y otros componentes esenciales sigue aumentando, montar o actualizar un ordenador gaming podría continuar siendo más caro de lo esperado durante los próximos años, retrasando la recuperación de un mercado que todavía busca volver a los niveles de crecimiento de ejercicios anteriores.

