La reestructuración interna y el regreso obligatorio a la oficina provocan una nueva polémica.
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Ubisoft atraviesa uno de sus momentos más delicados en los últimos años. A la cancelación de proyectos y a los ajustes internos anunciados recientemente se suma ahora un caso que ha generado un fuerte debate dentro y fuera de la industria: el despido de un veterano desarrollador de la saga Assassin’s Creed tras criticar abiertamente decisiones de la compañía.
El contexto no es menor. Ubisoft ha iniciado una reestructuración que incluye el regreso obligatorio al trabajo presencial cinco días a la semana, poniendo fin al teletrabajo. Esta medida, junto con recortes y cambios organizativos, ha sido recibida con críticas incluso desde dentro de la propia empresa.
Un despido que llega tras las críticas internas
El afectado es David Michaud-Cromp, líder de equipo en Ubisoft Montreal y desarrollador con amplia trayectoria en Assassin’s Creed. A través de LinkedIn, Michaud-Cromp criticó con dureza la política de vuelta a la oficina, cuestionando el argumento de la “colaboración” y sugiriendo que el verdadero objetivo era empujar a una parte de la plantilla a marcharse voluntariamente.
- Poco después de publicar ese mensaje, el propio desarrollador confirmó que Ubisoft lo había suspendido durante tres días sin sueldo, alegando un supuesto incumplimiento del deber de lealtad. La situación no quedó ahí. Días más tarde, Michaud-Cromp anunció públicamente que había sido despedido con efecto inmediato, sin entrar en detalles sobre las circunstancias internas y asegurando que se tomaría un tiempo antes de comunicar sus próximos pasos.
Ante la repercusión del caso, Ubisoft emitió un breve comunicado en el que asegura que expresar opiniones de forma respetuosa no conlleva despidos, recordando la existencia de un Código de Conducta interno que todos los empleados revisan y firman anualmente. La compañía afirma que, en caso de incumplimiento, se aplican medidas proporcionales según la gravedad y reincidencia, y que no realizará más comentarios al respecto.
El caso ha reavivado el debate sobre las condiciones laborales en la industria y el margen real que tienen los empleados para expresar desacuerdo con las decisiones corporativas.

