Solo encienden la luz en las zonas oscuras: gastos camuflados, edades inventadas, azar sin datos y sesiones eternas por diseño.
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Olvídate por un momento de los grandes anuncios de exclusivos o de si Microsoft ficha otro estudio más. El cambio gordo que nos viene encima en Xbox es de los que no dan titulares espectaculares, pero sí nos toca el día a día: regulaciones más duras que están obligando a Microsoft a replantear cómo manejamos la Store, las compras dentro de los juegos y hasta el tiempo que pasamos con el mando.
Estamos hablando de normas impulsadas desde Europa (DSA, DMA y propuestas como el Digital Fairness Act que anda en marcha) que buscan poner coto a lo que durante años ha sido un terreno bastante libre: interfaces que te llevan a gastar casi sin pensarlo, monedas virtuales que disfrazan el precio real y diseños que a veces enganchan más por el miedo a perder que por diversión genuina. No es que vayan a cerrar la tienda ni a limitar los juegos buenos, ojo. La idea central es que todo sea más transparente, que los menores estén mejor protegidos y que tengamos herramientas de verdad para no pasarnos con el dinero o las horas.
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Adiós al truco de las monedas virtuales: ahora toca ver euros de verdad
Lo que más se nota de entrada es cómo se muestran los precios. Hasta ahora, las V-Bucks, Robux o créditos de todo tipo han funcionado como un velo psicológico: «solo 500 monedas» parece poco, aunque sean 5 o 10 euros reales. Pues bien, las nuevas exigencias obligan a enseñar el equivalente en euros clarito, al lado y sin trucos. En Roblox, por ejemplo, ya no vale solo el número bonito; tiene que salir el coste real para que nadie se engañe. Y no solo eso: se endurecen los límites de gasto. En juegos como Halo Infinite o cualquier battle pass con eventos limitados, ahora es más fácil (y obligatorio) poner topes mensuales o diarios que no se esquiven con un clic extra. Imagina fijar 20 euros al mes para skins o pases; el sistema debería cortarte de verdad, sin rodeos. Este tipo de reglas podría ser beneficioso para sitios que ofrecen
100 giros gratis sin depósito.
¿Por qué? Pues las normas están reguladas desde antaño por organismos como la DGOJ, con exigencias clave. El objetivo es evitar esos disgustos cuando miras el banco y ves un pico inesperado, algo que ha generado más de una bronca familiar.
Verificación de edad: se terminaron las mentiras fáciles del «nací en…»
Otro punto que va a incomodar a bastantes es el fin de las fechas falsas. Llevamos años poniendo cualquier año para saltarnos restricciones y acceder a todo. Ahora piden métodos de verificación de edad más serios (no solo un formulario que rellenas en dos segundos). Si el perfil es de menor, los filtros se activan fuerte: juegos, chats, recomendaciones, compras… todo más controlado.
En plataformas como Roblox o Xbox Live esto significa separar mejor adultos y chavales, limitar con quién interactúas y reducir riesgos. Sí, añade un paso más, pero evita que la seguridad dependa solo de que los padres den con el ajuste perdido en el menú. Para los jugadores de Big Bazz Bonanza, estos problemas no existen. Y es que siempre funciona bajo estrictos controles de edad, para saber si puedes o no jugar. Las reglas son muy rígidas desde hace años.
Loot boxes: o enseñas las probabilidades reales o te expones a problemas
Aquí viene lo más polémico. Las loot boxes y cualquier sistema de azar con dinero real están bajo lupa máxima. Si pagas por una tirada, tienes que ver las probabilidades exactas bien visibles: si es 0,2 % para el ítem top, que lo ponga así, sin medias tintas ni «posibilidades de algo guapo». Esto revienta el clásico «esta vez sí toca». Microsoft ya había empezado a ser más abierto en algunos juegos, pero ahora es obligatorio y con multas si no cumples. Para el analista Erik King, «al final, ganan los jugadores (compramos sabiendo a qué atenernos) y obliga a los estudios a repensar si les sale rentable seguir con mecánicas que rozan lo manipulador».
Bienestar digital: la consola que te avisa «para un rato»
Y cerramos con el tema del tiempo. Lo que antes era «estás viciado, chaval» ahora entra en el paquete de bienestar digital. Obligan a recordatorios claros de descanso, límites de sesión fáciles de poner y, en casos extremos, bloqueos automáticos. A los que juegan de madrugada les va a molestar, no hay duda. Pero para padres o para quien quiere controlarse a sí mismo, puede ser una herramienta útil de verdad. Lo importante es que no queden escondidas: tienen que estar a la vista y ser sencillas de activar.
En resumen, no están matando Xbox ni cerrando nada. Solo encienden la luz en las zonas oscuras: gastos camuflados, edades inventadas, azar sin datos y sesiones eternas por diseño. Habrá quien lo vea como fricción innecesaria, pero pregúntate: si estas reglas hubieran llegado antes, ¿cuántas compras tontas, discusiones en casa y mecánicas chungas nos habríamos ahorrado? El debate está abierto. ¿Medidas de sentido común o control excesivo? En 2026 lo iremos viendo sobre la marcha.

