Aranceles, costes de producción y el contexto global complican fijar el precio de la futura consola.
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El futuro de Xbox vuelve a colocarse en el centro del debate, y no precisamente por su potencia o catálogo. El precio de la próxima consola de Microsoft es ahora mismo una incógnita, incluso dentro de la propia compañía, y los factores que rodean su desarrollo están generando más dudas que certezas entre jugadores y analistas.
Lejos de una cifra cerrada, desde el entorno de Microsoft se reconoce que el coste final del hardware dependerá de múltiples variables externas que escapan al control habitual del fabricante. Un escenario que abre la puerta a cifras más altas de lo esperado.
El precio de la nueva Xbox sigue en el aire y apunta a una experiencia más premium
Según la información que se maneja actualmente, Microsoft todavía no ha definido el precio de la próxima Xbox debido a factores como los aranceles globales, el encarecimiento de los componentes electrónicos, la inestabilidad geopolítica y los continuos problemas en la cadena de suministro. Todos estos elementos están afectando de forma directa al coste de fabricación del hardware.
En este contexto, algunas estimaciones internas y del sector apuntan a que la nueva consola podría posicionarse como un producto más premium de lo habitual, con un precio que, en el peor de los escenarios, podría rondar los 1.000 dólares. Una cifra que supondría un salto importante respecto a generaciones anteriores y que explicaría por qué Microsoft evita, por ahora, comprometerse con un precio concreto.
Aun así, desde la división de Xbox se transmite un mensaje de calma a los usuarios actuales. Incluso si la próxima Xbox acaba siendo más cara de lo esperado, el soporte para Xbox Series X y Xbox Series S continuará durante muchos años, garantizando lanzamientos, actualizaciones y compatibilidad dentro del ecosistema. Un enfoque que refuerza la idea de transición progresiva y no de ruptura inmediata entre generaciones.

